Cuando apuntas con el dedo, recuerda que tres dedos señalan hacia ti.
— Proverbio inglés.
A lo largo de la semana, la noticia fue desmenuzada, comentada, debatida y difundida por todo el orbe. De España a Malasia la gente quedó impactada por la crueldad de unos niños asesinos. Christopher fue estrangulado, golpeado, lapidado, desollado y apuñalado. Después fue resucitado por las noticias para beneplácito de las audiencias, para volver a matarlo en la crónica de cada emisión del noticiario en turno.
La gente habla, opina, critica. Porque nunca puede faltar quien se sienta con la moral suficiente para juzgar, y con los conocimientos técnicos y forenses necesarios para comprender la psique de los asesinos. No. No basta con reducir la edad mínima para que se pueda castigar con cárcel, eso servirá únicamente para saturar -aún más- las cárceles y permitir que a una edad suficiente se gradúen de la escuela criminal.
Con esto no quiero decir que la legislación esté bien, sino que, en general no lo estamos como sociedad. Tratar de buscar al culpable requiere un análisis profundo de conciencia. Muchos refieren que los jóvenes asesinos son unos psicópatas (sic) que quemaban cosas y mataban animales. ¿Y dónde estaban sus familias? Esas “descuidadas” madres -como las muchas que hay en Chihuahua- que sacrifican el tiempo con sus familias para dobletear turno en una maquila que las explota por un miserable salario; esos “desobligados” padres que trabajan 14 horas al día, vilmente esclavizados bajo el nombre de “jornaleros” en nuestros campos mexicanos. ¿Dónde estaban las instituciones que supuestamente velan por el bienestar integral de la familia y la niñez? ¿Donde estábamos nosotros, los que levantamos el dedo índice para acusar pero no para asumir nuestro rol y responsabilidad como parte de una misma comunidad? ¿Dónde estaba la autoridad para prevenir este evitable desenlace? ¿Dónde estaban los medios que ahora se dicen sorprendidos, cuando durante décadas poco les ha importado el contenido violento, vulgar y carente de valores que ven los niños día con día? Pero eso sí, lo que importa es vender y no lo que la audiencia necesita. Apendejar antes que educar es el lema de la caja china. ¿De dónde estaba robando ahora el gobierno en lugar de trabajar en políticas publicas para la niñez y la juventud? ¿Dónde estaban esos empresarios ejemplares y socialmente responsables quienes realmente solo se interesan por llenarse los bolsillos, manteniéndose al margen de lo que pase en la sociedad?
Todos tenemos la sangre de Christopher en nuestras manos, sea de manera directa, involuntaria o por inacción. Pero a ustedes qué les va a importar, si frente a cada problema que pasa en este país, llámese Ayotzinapa, Tlatlaya o San Quintin, prefieren arroparse en la comodidad de “el cambio empieza por uno mismo”. Me provoca repudio ese maldito individualismo. Se olvidan que vivimos en sociedad y que el futuro de la comunidad debe ser asumido por todas las partes. Pero prefieren quedarse absortos y dejar el problema para que alguien más lo resuelva.
Sí, el problema es grave, y debe ser tratado con mucho cuidado. Debe de haber una sentencia ejemplar, debe también legislarse al respecto. Y así como todos se entusiasman para firmar una petición en change.org, deberíamos exigir mejores programas para la prevención del delito. Programas sociales para evitar otro caso como el de Christopher. El fin último no es castigar a los niños por el delito cometido, sino reformarlos, darles la atención psicológica necesaria y evitar que más jóvenes y niños cometan los mismos errores
Luego llega la gota que derramó el vaso: Laura. Ese ser inmundo de alto reitín que en su propio país odian por lucrar con la miseria del pueblo. Esa a la que ahora le aplauden cada 5 minutos en su programa por decir que es mexicana, que es mujer, que le reza a la virgen de Guadalupe. Asco. Pero son ustedes mismos quienes le han empoderado al consumir la mierda que transmite en la caja china. Ahora viene a burlarse de nosotros, televisando la tragedia. Haciendo del sufrimiento un espectáculo. Autoretratándose como el mesías que nuestro país estaba esperando hace más de 100 años. El circo de la decadencia ha elegido su próximo escenario y ustedes van a obedecer: sintonizar, aplaudir y llorar con un relato conmovedor de tres pesos. Escoria.
Pero ustedes aman este panem et circences y van a aclamar por un chivo expiatorio, sean los niños, sus padres, el narco, o quien el sistema diga que es el culpable: Una sentencia irrisoria, una madre rompiendo en llanto. Un talk show donde en una hora solucionen todo con un abrazo y un montón de notas rojas de su medio digital amarillista preferido, hasta que aparezca la siguiente noticia que conmocione al país.
Hace un año todos aplaudían porque La Dictadura Perfecta retrataba cabalmente lo que pasaba en el país. Hoy una vez más los poderes fácticos echan a andar la maquinaria de la caja china para saciarles el morbo y sus ganas de culpar a quien sea, de todas las tragedias de este país, del que todos sabemos que anda mal, pero del que nadie quiere hacerse cargo. Felicidades México, hoy lograste superar el aborrecimiento que sentía por esta lluvia de mierda que eres capaz de soportar sin alzar la voz. Sigamos agachando la cabeza y alzando la mano para culpar al de enseguida. Repugnancia.
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